En agosto, el calor, el sol intenso y la evaporación pueden obligarnos a regar con mucha frecuencia. Pero septiembre trae noches más frescas, días más cortos y, en muchas zonas, una pérdida de agua más lenta. Si mantienes exactamente el mismo calendario de riego sin comprobar el suelo, algunas plantas pueden permanecer húmedas durante demasiado tiempo. El resultado puede ser amarilleamiento, raíces dañadas y mayor riesgo de enfermedades. La clave no es dejar de regar, sino pasar del calendario fijo a comprobar la humedad real de la tierra.
Comprueba la tierra antes de volver a regar
En lugar de pensar “hoy toca regar”, utiliza el estado del sustrato como primera referencia. La frecuencia correcta puede cambiar considerablemente según la planta, el clima y el tipo de suelo.
Necesitas: simplemente un dedo, un pequeño palillo de madera o un medidor de humedad si ya dispones de uno.
- Introduce un dedo aproximadamente 3-5 cm en la tierra, evitando dañar raíces superficiales.
- Si a esa profundidad todavía notas claramente humedad, espera antes de volver a regar las plantas que prefieren secarse parcialmente entre riegos.
- Si la tierra está seca a la profundidad apropiada para esa especie, riega lentamente alrededor de la zona de las raíces.
- En macetas, continúa hasta observar algo de agua saliendo por los agujeros de drenaje y elimina el exceso del plato.
- Vuelve a comprobar el sustrato antes del siguiente riego en lugar de repetir automáticamente el intervalo anterior.
Durante 1-2 semanas, observa cuánto tarda realmente cada maceta o zona del jardín en secarse. Ese tiempo será mucho más útil que tu calendario de agosto.
Reduce la frecuencia, no necesariamente la cantidad de cada riego
Regar menos veces no significa dar unas pocas gotas cada día.
Para muchas plantas establecidas resulta preferible un riego suficientemente profundo y después dejar que el suelo alcance el nivel de humedad adecuado antes del siguiente.
En el jardín, como orientación general, muchas plantas establecidas pueden necesitar alrededor de 20-25 litros de agua por metro cuadrado a la semana durante períodos secos, contando la lluvia. Pero esta cifra debe ajustarse al suelo, temperatura, especie y exposición.
Un suelo arenoso pierde agua mucho más rápidamente que uno arcilloso.
En macetas tampoco existe una cantidad universal. Una maceta pequeña de terracota situada al sol puede secarse mucho antes que un recipiente grande de plástico colocado a media sombra.
Por eso, en septiembre conviene modificar primero la frecuencia según la humedad, no reducir arbitrariamente cada riego a unos pocos mililitros.
Presta especial atención a las macetas
Las plantas en recipientes requieren una vigilancia diferente a las cultivadas directamente en tierra.
Comprueba que los agujeros inferiores estén libres y nunca dejes una maceta durante días dentro de un cubremacetas lleno de agua.
Después de regar, espera aproximadamente 10-20 minutos y elimina el agua acumulada en platos o recipientes exteriores, salvo que la especie tenga necesidades específicas distintas.
Si el sustrato permanece empapado durante muchos días, revisa el drenaje. Un olor desagradable, hojas amarillas y tierra constantemente húmeda pueden indicar un problema, aunque esos síntomas también pueden tener otras causas.
No añadas una capa de piedras al fondo pensando que sustituirá unos buenos agujeros de drenaje. Lo importante es que el recipiente permita evacuar correctamente el exceso de agua.
Riega preferentemente por la mañana
Cuando las noches empiezan a ser más frescas, regar muy tarde puede mantener hojas y superficies húmedas durante más tiempo.
Siempre que sea posible, riega a primera hora de la mañana y dirige el agua hacia la tierra, no sobre el follaje.
Esto permite que las plantas dispongan de humedad durante el día y que cualquier salpicadura sobre las hojas tenga más oportunidades de secarse.
El riego nocturno no provoca automáticamente enfermedades, pero la humedad prolongada sobre el follaje puede favorecer determinados problemas fúngicos en especies susceptibles y condiciones adecuadas.
Si utilizas riego automático, septiembre es un buen momento para revisar la programación. Reduce los días de funcionamiento según la humedad real y pausa el sistema después de lluvias suficientes.
No reduzcas igual el agua para todas las plantas
Una lavanda establecida y una lechuga recién plantada no tienen las mismas necesidades.
Las plantas mediterráneas como romero, lavanda y tomillo suelen preferir un suelo bien drenado y toleran cierto secado entre riegos una vez establecidas.
En cambio, semilleros, hortalizas de hoja y plantas recién trasplantadas necesitan una humedad más constante mientras desarrollan raíces.
Los árboles y arbustos plantados recientemente también pueden requerir riegos profundos durante su primer otoño, incluso cuando las temperaturas hayan bajado.
Las plantas de interior empezarán igualmente a consumir agua con menor rapidez a medida que disminuyan la luz y el crecimiento. Comprueba el sustrato antes de mantener la rutina del verano.
Aprovecha la lluvia en lugar de regar automáticamente
Una tormenta de septiembre puede sustituir parcial o completamente un riego programado.
Un pluviómetro sencillo permite saber aproximadamente cuánta agua ha recibido el jardín: 1 mm de lluvia equivale a 1 litro por metro cuadrado.
Si han caído 20 mm, el terreno ha recibido aproximadamente 20 litros por metro cuadrado, aunque la cantidad que realmente llega a las raíces dependerá de escorrentía, cobertura y características del suelo.
Después de una lluvia importante, comprueba la humedad antes de activar nuevamente el riego.
En macetas protegidas por balcones, tejados o paredes, no des por hecho que la lluvia las ha regado. Algunas pueden permanecer prácticamente secas aunque el jardín esté mojado.
Errores que debes evitar
- Mantener exactamente el programa de agosto: una menor evaporación puede hacer que el suelo permanezca húmedo demasiado tiempo.
- Reducir el riego a pequeños sorbos diarios: puede humedecer solo la superficie y favorecer raíces poco profundas.
- Dejar agua permanentemente en los platos: muchas plantas sufren cuando las raíces permanecen encharcadas.
- Tratar todas las especies igual: sus necesidades de humedad pueden ser completamente diferentes.
- Interpretar cualquier hoja amarilla como falta de agua: el exceso de humedad también puede provocar amarilleamiento.
Para ir un poco más allá
Agrupa las macetas según sus necesidades de agua. Será más difícil regar accidentalmente un romero al mismo ritmo que una planta que necesita humedad constante.
Añade 3-5 cm de acolchado en zonas apropiadas del jardín para moderar los cambios de humedad, dejando varios centímetros libres alrededor de tallos y troncos.
Revisa el programa de riego nuevamente cada 2-3 semanas durante el otoño, porque las necesidades seguirán cambiando.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces por semana debo regar en septiembre?
No existe una frecuencia válida para todas las plantas. Comprueba la humedad del suelo, las lluvias, la temperatura y las necesidades de cada especie.
¿Debo dejar de regar cuando empieza el otoño?
No. Las plantas continúan necesitando agua. Lo que normalmente cambia es la velocidad con la que el suelo se seca.
¿Cómo sé si estoy regando demasiado?
Tierra constantemente empapada, amarilleamiento, caída de hojas y problemas en las raíces pueden aparecer con exceso de agua. Comprueba siempre el drenaje y la humedad antes de volver a regar.
¿Qué hago después de varios días de lluvia?
Suspende el riego automático y comprueba el terreno a 3-5 cm de profundidad. Vuelve a regar únicamente cuando la especie y el estado real del suelo lo requieran.