Antes de que existieran tantas cajas organizadoras de plástico, era habitual encontrar en talleres, garajes y pequeños rincones de bricolaje una colección de tarros reutilizados. Los que habían contenido conservas, especias u otros alimentos podían terminar llenos de tornillos, clavos, tuercas, arandelas, alcayatas y otras piezas que algún día podían volver a hacer falta.
Era una solución sencilla basada en algo muy práctico: guardar por separado las piezas pequeñas permitía encontrarlas rápidamente y evitaba que terminaran mezcladas en el fondo de un cajón.
Esta antigua costumbre sigue siendo útil hoy. Con algunos cuidados de limpieza, etiquetado y almacenamiento, unos cuantos tarros pueden convertirse en un sistema de organización económico y muy fácil de mantener.
Por qué los tarros resultaban tan prácticos
Las piezas de bricolaje tienen un problema evidente: son pequeñas y muchas se parecen entre sí.
Si colocas en una misma caja tornillos de diferentes tamaños, clavos, tacos y arandelas, encontrar exactamente lo que necesitas puede convertirse en una búsqueda interminable.
Los tarros permitían crear categorías.
Uno podía contener tornillos cortos; otro, tuercas; otro, clavos; y un cuarto, pequeñas piezas recuperadas de algún mueble.
Además, cuando el recipiente era transparente, bastaba con mirarlo para saber aproximadamente qué había dentro.
No necesitas guardar todos los tarros
Reutilizar no significa acumular indiscriminadamente.
Selecciona únicamente recipientes que realmente puedan servirte.
Conviene elegir tarros:
- pequeños o medianos;
- resistentes;
- sin grietas;
- con tapa en buen estado;
- fáciles de abrir y cerrar;
- suficientemente transparentes para ver el contenido.
Desecha los recipientes dañados.
También es preferible evitar guardar decenas de tarros vacíos “por si acaso”. Conserva únicamente los necesarios para las categorías que realmente utilizas.
Límpialos antes de convertirlos en organizadores
Un tarro que contenía alimentos debe quedar completamente limpio antes de llenarlo de piezas metálicas.
Retira la etiqueta cuando sea posible y lava el recipiente con agua templada y lavavajillas.
Presta especial atención a la tapa y a la rosca.
Aclara bien.
Después viene un paso fundamental: déjalo secar completamente.
La humedad atrapada dentro de un recipiente cerrado puede favorecer la corrosión de algunas piezas metálicas.
No introduzcas tornillos o clavos hasta comprobar que tanto el tarro como la tapa están secos.
Clasifica antes de guardar
Si tienes un cajón lleno de pequeñas piezas mezcladas, no empieces llenando tarros al azar.
Extiende todo sobre una superficie despejada y crea grupos.
Por ejemplo:
- tornillos;
- clavos;
- tuercas;
- arandelas;
- tacos;
- ganchos;
- pequeñas piezas de repuesto.
Después puedes dividir todavía más las categorías que tengas en mayor cantidad.
Si utilizas muchos tornillos, por ejemplo, puede resultar útil separarlos por longitud, diámetro o tipo de cabeza.
El nivel de clasificación debe adaptarse a lo que realmente utilizas.
Etiquetar ahorra todavía más tiempo
Aunque el tarro sea transparente, una pequeña etiqueta puede facilitar mucho la búsqueda.
No necesitas escribir descripciones complicadas.
Pueden bastar indicaciones como:
TORNILLOS 30 mm
CLAVOS PEQUEÑOS
ARANDELAS
TACOS 6 mm
Coloca la etiqueta en una zona visible y utiliza una escritura suficientemente grande.
Si posteriormente cambias el contenido, sustituye también la etiqueta.
No mezcles piezas que solo parecen iguales
Dos tornillos pueden parecer prácticamente idénticos y tener roscas diferentes.
Lo mismo ocurre con tuercas, arandelas y otros elementos.
Si no sabes exactamente qué pieza tienes, es preferible conservarla separada antes que introducirla en un recipiente incorrecto.
Esto resulta especialmente importante cuando guardas repuestos específicos de muebles o electrodomésticos.
Guarda juntas las piezas de un mismo montaje
¿Has desmontado una estantería, una mesa o algún accesorio y quieres conservar sus tornillos?
En lugar de mezclarlos con todos los demás, mantenlos juntos.
Puedes utilizar un tarro específico y etiquetarlo:
TORNILLOS ESTANTERÍA
o
PIEZAS MESA
Así, cuando llegue el momento de volver a montar el objeto, no tendrás que recordar qué tornillos utilizaba.
Las piezas oxidadas merecen otra revisión
Antes de guardar un tornillo o clavo, observa su estado.
Si presenta corrosión importante, está deformado o tiene la cabeza dañada, pregúntate si realmente merece ocupar espacio.
No todo debe conservarse.
Además, evita mezclar piezas húmedas o muy oxidadas con otras que estén en buen estado.
El objetivo es crear una reserva útil, no trasladar el desorden desde un cajón hasta varios tarros.
El lugar donde guardas los tarros también importa
Una vez organizados, reúne todos los recipientes en una misma zona.
Puede ser:
- una balda;
- un armario de herramientas;
- una estantería del garaje;
- un pequeño mueble de bricolaje.
Evita lugares expuestos directamente a lluvia o humedad elevada.
Una estantería llena de recipientes perfectamente clasificados pierde gran parte de su utilidad si las piezas terminan oxidándose.
Los tarros pesados deben quedarse abajo
Un recipiente lleno de tornillos puede pesar bastante más de lo que parece.
Coloca los más pesados en baldas inferiores o zonas estables.
Evita situarlos en bordes desde los que puedan caer.
Si utilizas tarros de vidrio, esta precaución es especialmente importante.
No los almacenes en lugares donde niños pequeños puedan alcanzarlos fácilmente.
Una bandeja puede mantenerlos agrupados
Si tienes varios tarros pequeños, colócalos dentro de una bandeja o caja abierta.
Así puedes sacar todo el conjunto cuando necesites hacer una reparación y volver a guardarlo después.
También evita que los recipientes terminen repartidos por diferentes rincones.
Puedes dedicar una bandeja a fijaciones y otra a pequeñas piezas de repuesto.
¿Vidrio o plástico?
Los tarros de vidrio tienen la ventaja de ser transparentes, rígidos y fáciles de limpiar.
Pero pueden romperse.
Los recipientes de plástico compatibles con este uso son más ligeros y pueden resultar más apropiados en lugares donde exista riesgo de caída.
No existe una única opción correcta.
Lo importante es que el recipiente esté limpio, seco, sea suficientemente resistente y pueda cerrarse correctamente.
Haz una pequeña revisión de vez en cuando
Un sistema de organización solo funciona si continúa organizado.
Cada varios meses, aprovecha para revisar los recipientes.
Retira:
- piezas rotas;
- tornillos inutilizables;
- elementos oxidados;
- objetos cuyo origen ya no puedes identificar y sabes que no utilizarás.
Después devuelve cada cosa a su categoría.
También puedes comprobar si algún tarro se ha agrietado o si una tapa presenta corrosión.
Errores que conviene evitar
- Guardar piezas metálicas en tarros todavía húmedos.
- Mezclar todos los tornillos simplemente porque parecen similares.
- Conservar piezas claramente inutilizables.
- Acumular más recipientes de los necesarios.
- Utilizar tarros de vidrio agrietados.
- Colocar recipientes pesados en estantes inestables.
- Guardarlos en lugares constantemente húmedos.
- Dejar tornillos y clavos al alcance de niños pequeños.
- Utilizar etiquetas antiguas que ya no corresponden al contenido.
- Convertir cada pieza desconocida en algo que hay que guardar eternamente.
Cómo crear tu sistema de tarros paso a paso
- Reúne las piezas pequeñas que tengas dispersas.
- Extiéndelas sobre una superficie despejada.
- Retira las que estén rotas o sean claramente inutilizables.
- Agrupa tornillos, clavos, tuercas, arandelas y tacos.
- Separa tamaños cuando resulte útil.
- Conserva aparte las piezas pertenecientes a un mueble concreto.
- Selecciona varios tarros pequeños en buen estado.
- Retira restos de alimentos y etiquetas.
- Lava los recipientes.
- Acláralos completamente.
- Déjalos secar por completo.
- Comprueba especialmente tapas y roscas.
- Introduce una categoría en cada recipiente.
- No los llenes excesivamente.
- Cierra correctamente las tapas.
- Añade etiquetas sencillas.
- Agrupa los tarros en una bandeja o estantería.
- Coloca los más pesados en una zona baja y estable.
- Mantén el conjunto lejos de la humedad.
- Devuelve siempre cada pieza al recipiente correspondiente después de utilizarla.
Una costumbre antigua que todavía tiene sentido
Guardar un tornillo sobrante después de montar un mueble puede parecer insignificante. El problema aparece meses después, cuando necesitas exactamente esa pieza y no recuerdas dónde terminó.
La antigua costumbre de reutilizar pequeños tarros resolvía el problema de una manera extraordinariamente sencilla: cada tipo de pieza tenía un lugar visible y definido.
No necesitas comprar un complejo sistema de almacenaje para aplicar la misma idea.
Unos cuantos recipientes limpios y completamente secos, buenas categorías y etiquetas claras pueden transformar ese cajón lleno de piezas mezcladas en una pequeña reserva de bricolaje realmente útil.
Preguntas frecuentes
¿Puedo guardar tornillos en tarros de vidrio?
Sí, siempre que los recipientes estén en buen estado y se almacenen en un lugar estable donde no exista un riesgo importante de caída o rotura.
¿Por qué deben estar completamente secos?
Porque la humedad mantenida dentro de un recipiente cerrado puede favorecer la corrosión de determinadas piezas metálicas.
¿Es mejor separar los tornillos por tamaño?
Si tienes bastantes, sí. Separarlos por longitud, diámetro o tipo puede ayudarte a encontrar rápidamente el adecuado.
¿Qué hago con los tornillos que sobran al montar un mueble?
Si pueden ser repuestos importantes, guárdalos juntos y etiqueta el recipiente con el nombre del mueble al que pertenecen.
¿Puedo mezclar clavos y tornillos pequeños?
Es preferible mantener categorías diferentes. Encontrarás cada pieza mucho más rápidamente.
¿Debo conservar todos los tornillos viejos?
No. Desecha de forma adecuada los que estén muy corroídos, deformados, rotos o claramente inutilizables.
¿Dónde conviene guardar los tarros?
En una zona seca, estable y organizada, preferentemente junto al resto de herramientas y fuera del alcance de niños pequeños.