El truco de las abuelas para aprovechar las hierbas aromáticas antes de que se estropeen

Compras un manojo de perejil, cilantro, albahaca o menta para una receta y utilizas apenas unas ramas. Días después, descubres el resto marchito en el frigorífico y a punto de terminar en la basura.

Una solución tradicional consiste en actuar antes de que las hierbas se deterioren: picarlas y conservarlas en pequeñas porciones, ya sea congelándolas solas o, para determinadas preparaciones, cubiertas con un poco de aceite en una cubitera. Así quedan listas para añadir directamente a sopas, guisos, salsas y otras recetas cocinadas.

La clave está en hacerlo mientras las hierbas todavía están en buenas condiciones, no cuando ya presentan moho o signos de descomposición.

Primero revisa las hierbas

Extiende el manojo y examínalo.

Retira hojas amarillentas, muy dañadas o deterioradas.

Si encuentras moho, textura viscosa, olor anormal u otros signos claros de descomposición, no intentes recuperar esas partes mediante congelación.

Congelar un alimento deteriorado no vuelve a hacerlo apto.

Lava solo lo que vas a conservar

Si vas a congelar las hierbas, lávalas cuidadosamente con agua.

Después viene un paso fundamental: secarlas muy bien.

Puedes utilizar papel de cocina o un paño limpio y dejarlas terminar de secarse al aire durante un breve periodo.

Cuanta menos agua quede sobre las hojas, más fácil será manipularlas y congelarlas.

Pícalas antes de que se marchiten

Retira los tallos duros cuando la receta normalmente no los utilice.

Después pica las hojas al tamaño que suelas necesitar al cocinar.

No es necesario triturarlas hasta convertirlas en una pasta.

La idea es dejarlas preparadas para poder sacar directamente una pequeña cantidad cuando cocines.

El sencillo truco de la cubitera

Distribuye las hierbas picadas entre los huecos de una cubitera limpia.

No los llenes excesivamente.

Para hierbas que posteriormente utilizarás en recetas cocinadas, puedes añadir una pequeña cantidad de aceite adecuado para cubrirlas.

Después congela la cubitera.

Una vez solidificados los cubitos, pásalos a un recipiente o bolsa aptos para congelación.

Etiqueta siempre el recipiente

Una vez congelados, perejil, cilantro y otras hierbas picadas pueden resultar sorprendentemente difíciles de distinguir.

Escribe:

nombre + fecha.

Si has preparado mezclas, indica también qué contienen.

Ese pequeño gesto evita terminar meses después mirando un cubito verde sin recordar qué era.

Utilízalos directamente al cocinar

Los cubitos de hierbas con aceite resultan especialmente prácticos para preparaciones calientes.

Puedes añadir una porción a:

  • Guisos.
  • Sopas.
  • Salsas.
  • Salteados.
  • Estofados.
  • Preparaciones con verduras.

En muchos casos no necesitas descongelarlos previamente.

Simplemente incorpora la cantidad necesaria durante la cocción.

También puedes congelarlas sin aceite

El aceite no es obligatorio.

Otra opción consiste en picar las hierbas bien secas, distribuirlas en una bandeja para que no formen un gran bloque y congelarlas.

Después pásalas a una bolsa o recipiente apropiado.

Así podrás sacar pequeñas cantidades según las necesites.

Algunas hierbas cambian de textura

Este detalle es importante.

La congelación puede conservar bastante bien el aroma de muchas hierbas, pero la textura no será necesariamente igual que cuando estaban frescas.

Una hoja de perejil descongelada, por ejemplo, puede quedar más blanda.

Por eso las hierbas congeladas suelen funcionar mejor en recetas cocinadas que como decoración fresca de un plato.

La albahaca merece un tratamiento especial

La albahaca es delicada y puede oscurecerse o deteriorarse rápidamente.

Si sabes que no vas a utilizarla fresca a tiempo, transformarla antes puede ser una excelente estrategia.

Picada y congelada con un poco de aceite puede resultar útil posteriormente en determinadas salsas y platos cocinados.

No esperes, sin embargo, que después de descongelarla conserve la textura de una hoja recién cortada.

¿Y el perejil?

El perejil es especialmente fácil de aprovechar.

Lávalo, sécalo cuidadosamente y pícalo.

Después congélalo en pequeñas porciones.

Cuando prepares una sopa, salsa o guiso, podrás utilizar únicamente lo necesario sin desperdiciar el resto del manojo.

El cilantro también puede congelarse

El cilantro pierde parte de su textura fresca después de congelarse, pero puede seguir siendo útil en preparaciones donde terminará picado o cocinado.

Si quieres utilizarlo crudo como acabado final, el cilantro fresco ofrecerá una textura mucho mejor.

Reserva el congelado para recetas donde esa diferencia importe menos.

Otra opción: preparar mantequilla aromática

Si tienes hierbas que combinan bien con mantequilla, puedes picarlas y mezclarlas con mantequilla ablandada.

Después forma pequeñas porciones y refrigera o congela correctamente.

Puede utilizarse posteriormente para aromatizar verduras, panes o determinadas preparaciones.

Mantén siempre una manipulación higiénica y una conservación adecuada.

No tires automáticamente los tallos

Dependiendo de la hierba, algunos tallos tiernos también tienen sabor.

Los tallos de perejil o cilantro, por ejemplo, pueden utilizarse en determinadas sopas, caldos, salsas o preparaciones trituradas.

Comprueba primero que estén en buen estado.

Así aprovechas todavía más del manojo.

También puedes secar algunas hierbas

Romero, tomillo, orégano y otras hierbas resistentes pueden conservarse mediante secado cuando se realiza correctamente.

Una vez completamente secas, se almacenan en recipientes limpios, secos y bien cerrados.

No todas las hierbas mantienen igual de bien su aroma al secarse, por lo que conviene elegir el método según la variedad.

El mejor momento es antes de que parezcan estropeadas

Este es el verdadero secreto.

No esperes a encontrar las hojas completamente deterioradas.

Cuando observes que tienes más hierbas frescas de las que podrás consumir en los próximos días, decide inmediatamente:

usar → congelar → secar cuando sea apropiado → transformar en otra preparación.

Cuanto antes actúes, mejor será la calidad que conserves.

Divide el manojo al llegar a casa

Una estrategia muy práctica consiste en decidir desde el primer día qué cantidad necesitas fresca.

Por ejemplo:

una parte para consumir próximamente + otra parte para conservar.

Así no dependes de acordarte una semana después, cuando las hojas ya han empezado a deteriorarse.

No congeles un manojo mojado directamente

Meter las hierbas recién lavadas y chorreando dentro de una bolsa suele terminar formando un bloque de hielo difícil de utilizar.

Seca primero.

Después divide en pequeñas cantidades.

El objetivo es poder sacar una porción sin descongelar todo el contenido.

No descongeles y vuelvas a guardar repetidamente

Prepara porciones pequeñas desde el principio.

Así puedes retirar únicamente lo necesario y mantener congelado el resto.

Una cubitera resulta precisamente útil porque crea cantidades individuales fáciles de utilizar.

Errores que conviene evitar

  • Esperar hasta que las hierbas tengan moho para intentar aprovecharlas.
  • Congelarlas todavía empapadas después del lavado.
  • Guardar todo el manojo formando un único bloque.
  • Olvidar etiquetar las diferentes hierbas.
  • Esperar que una hierba descongelada tenga exactamente la textura de una fresca.
  • Tirar automáticamente todos los tallos aprovechables.
  • Preparar cubitos enormes cuando normalmente necesitas cantidades pequeñas.
  • Dejar las hierbas olvidadas durante días cuando ya sabes que no podrás consumirlas.

El método resumido

Si tienes hierbas aromáticas que no vas a utilizar a tiempo:

revísalas → elimina las partes deterioradas → lava → seca completamente → pica → divide en pequeñas porciones → congela solas o con un poco de aceite cuando resulte apropiado → etiqueta → utiliza posteriormente en recetas cocinadas.

La mejor parte del truco es que convierte un ingrediente extremadamente perecedero en pequeñas porciones listas para cocinar.

Así, la próxima vez que veas que ese manojo de perejil empieza a quedarse olvidado en el frigorífico, no tendrás que esperar a que termine marchitándose: unos minutos de preparación pueden convertirlo en varias dosis que irás aprovechando poco a poco.