Las patatas pueden durar bastante tiempo almacenadas, pero tarde o temprano empiezan a cambiar. Aparecen brotes, zonas verdes, arrugas o partes blandas y surge la duda: ¿todavía se puede comer o es mejor tirarla?
El método tradicional más útil no necesita ningún utensilio: mirarla, tocarla y olerla antes de cocinarla. Una patata en buenas condiciones suele estar firme, presentar un olor normal y no mostrar grandes zonas verdes, podredumbre ni un desarrollo excesivo de brotes.
Y hay un detalle importante: no todas las imperfecciones significan lo mismo.
El primer truco: apriétala suavemente
Coge la patata y presiónala ligeramente con los dedos.
Una patata fresca debería sentirse relativamente firme y sólida.
Si está ligeramente arrugada pero continúa firme, puede simplemente haber perdido algo de humedad.
En cambio, presta atención si está:
- Extremadamente blanda.
- Viscosa.
- Húmeda sin motivo.
- Con zonas hundidas y podridas.
- Deshaciéndose al tocarla.
Estos signos indican un deterioro mucho más avanzado.
Después, huélela
Una patata normal tiene un olor suave y terroso.
Si desprende un olor claramente desagradable, podrido o extraño, descártala.
El olfato resulta especialmente útil cuando existe deterioro que todavía no parece muy evidente desde el exterior.
No pruebes una patata cruda para decidir si está estropeada.
Mira si tiene brotes
Los pequeños brotes aparecen naturalmente cuando las patatas llevan cierto tiempo almacenadas.
Una patata todavía firme con unos pocos brotes pequeños no necesariamente está podrida. Estos pueden retirarse generosamente junto con el tejido que los rodea antes de cocinarla.
La situación cambia cuando encontramos una patata muy brotada, arrugada, blanda o deteriorada.
En ese caso resulta más prudente desecharla.
El color verde merece especial atención
Cuando una patata recibe luz puede desarrollar zonas verdes.
El verde corresponde a clorofila, que por sí misma no es el principal problema, pero sirve como señal de que la patata ha estado expuesta a condiciones que también pueden favorecer un aumento de glicoalcaloides naturales como la solanina.
Estas sustancias se concentran especialmente alrededor de:
- Brotes.
- Ojos.
- Piel.
- Zonas verdes.
Por eso no conviene ignorar una patata intensamente verde.
¿Qué hago con una pequeña zona verde?
Si la patata está firme y únicamente presenta una zona verde pequeña y superficial, puedes retirar generosamente toda esa parte, incluyendo tejido alrededor.
Pela la patata y elimina también ojos y brotes.
Pero si el verde ocupa una parte importante del tubérculo, penetra profundamente o aparece junto con muchos brotes y deterioro, lo más sensato es desecharla.
Una patata no merece asumir un riesgo innecesario.
El sabor amargo es una señal de advertencia
Los niveles elevados de determinados glicoalcaloides pueden producir un sabor amargo o una sensación desagradable.
Si después de cocinar una patata notas un sabor claramente amargo o extraño, no continúes comiéndola.
No intentes ocultar ese sabor con salsas, sal o especias.
Cocinarla no soluciona todos los problemas
No debes pensar que una patata dudosa se vuelve automáticamente segura al hervirla o freírla.
La cocción convencional no garantiza eliminar suficientemente los glicoalcaloides presentes en una patata muy verde o muy brotada.
La mejor estrategia es seleccionar correctamente las patatas antes de cocinar.
Las arrugas no siempre significan podredumbre
Una patata ligeramente arrugada ha perdido agua.
Si sigue razonablemente firme, no tiene zonas verdes importantes, no huele mal y no presenta podredumbre, puede seguir siendo aprovechable, aunque su textura y calidad culinaria quizá ya no sean las mejores.
Si está completamente encogida y blanda, es mejor descartarla.
Las manchas negras necesitan inspección
Una pequeña marca superficial producida por un golpe puede retirarse al pelar o cortar.
Sin embargo, si al abrir la patata encuentras una zona extensa:
- Negra.
- Marrón.
- Blanda.
- Húmeda.
- Con olor desagradable.
Retira la patata del resto y deséchala si muestra deterioro significativo.
Córtala y revisa también el interior
Una patata puede parecer normal exteriormente y presentar problemas al abrirla.
Antes de cocinarla, observa la pulpa.
Debe presentar el aspecto característico de su variedad.
Si encuentras podredumbre extensa, moho, cavidades deterioradas u olor extraño, no intentes aprovechar las partes aparentemente mejores.
Si hay moho, mejor descartarla
El moho visible es una señal clara de deterioro.
No basta con limpiar la superficie de una patata seriamente afectada.
Descártala y revisa las que estaban almacenadas junto a ella.
Una patata podrida puede favorecer el deterioro de las demás si permanece durante mucho tiempo en el mismo recipiente.
El almacenamiento cambia muchísimo su duración
Para que las patatas duren más, guárdalas en un lugar:
fresco + oscuro + seco + bien ventilado.
La oscuridad es especialmente importante para reducir el desarrollo de zonas verdes.
Evita dejarlas durante semanas en una encimera expuesta a la luz.
No las guardes en una bolsa completamente cerrada y húmeda
Las patatas necesitan ventilación.
Una bolsa que retiene humedad puede favorecer el deterioro.
Una cesta, caja ventilada o bolsa apropiada que permita circulación de aire suele resultar más adecuada.
Revísalas periódicamente y retira cualquier ejemplar deteriorado.
El viejo truco de revisar una por una
Las abuelas que almacenaban grandes cantidades de patatas sabían que una sola patata podrida podía terminar afectando al resto.
Por eso una costumbre sencilla continúa siendo muy útil:
revisarlas periódicamente con la mano.
Busca ejemplares blandos, húmedos o con muchos brotes y sepáralos.
No esperes hasta necesitar cocinar para mirar el fondo del recipiente.
No las laves antes de almacenarlas durante mucho tiempo
Si las patatas vienen con algo de tierra seca, no necesitas lavarlas antes de guardarlas.
La humedad añadida puede favorecer su deterioro.
Lávalas cuando vayas a prepararlas.
Si alguna está mojada, deja que se seque adecuadamente antes de almacenarla.
Errores que conviene evitar
- Pensar que cualquier brote significa automáticamente que la patata está podrida.
- Ignorar grandes zonas verdes.
- Comer una patata con sabor claramente amargo.
- Confiar en que cocinar elimina cualquier problema.
- Utilizar patatas viscosas o con olor a podrido.
- Dejar una patata deteriorada junto a todas las demás.
- Almacenarlas durante semanas bajo la luz.
- Mantenerlas húmedas y sin ventilación.
- Probar una patata cruda para comprobar su estado.
El método resumido
Antes de cocinar una patata, realiza cuatro comprobaciones:
mira → toca → huele → corta y revisa.
Una patata firme, sin olor desagradable, sin podredumbre y sin grandes zonas verdes o brotes excesivos suele encontrarse en mejores condiciones.
Los pequeños defectos superficiales pueden retirarse cuando el resto del tubérculo está sano. Pero si está muy verde, extremadamente brotada, blanda, viscosa, mohosa o huele mal, lo mejor es desecharla.
Ese es el verdadero truco tradicional: no depender de una única señal, sino utilizar los sentidos para detectar varios signos de deterioro antes de que la patata llegue a la olla.