Cuando el verano comienza a despedirse, las tomateras suelen presentar una escena muy característica: quedan algunos tomates grandes que todavía están verdes, las noches empiezan a refrescar y el ritmo de maduración ya no es el mismo que unas semanas antes.
Antes, cuando se intentaba aprovechar al máximo cada cosecha, esos últimos tomates no se daban automáticamente por perdidos. Una práctica tradicional consistía en recoger los frutos verdes que ya habían alcanzado un buen desarrollo y dejarlos terminar de madurar dentro de casa, protegidos del frío.
El método sigue siendo útil hoy, pero hay un detalle importante: no todos los tomates verdes tienen la misma capacidad para madurar después de cosecharlos.
Primero, no tengas demasiada prisa por recogerlos
Que llegue septiembre no significa que debas retirar inmediatamente todos los tomates.
Si la planta continúa sana y las temperaturas siguen siendo adecuadas, los frutos pueden permanecer en ella y continuar madurando.
El momento de intervenir llega especialmente cuando se aproximan noches muy frías, heladas o cuando la planta empieza claramente a terminar su ciclo.
Consulta la previsión meteorológica de tu zona.
El frío puede detener el proceso
El tomate es un cultivo de temporada cálida.
Cuando las temperaturas bajan considerablemente, la maduración se ralentiza. Una helada puede además dañar tanto la planta como los frutos.
Por eso, cuando el final de temporada está realmente cerca, recoger determinados tomates antes de que sufran daños puede permitir aprovechar una parte mayor de la cosecha.
Escoge los tomates adecuados
No recojas indiscriminadamente cualquier fruto verde diminuto.
Empieza por los tomates que:
- hayan alcanzado prácticamente su tamaño definitivo;
- estén firmes;
- no presenten podredumbre;
- no tengan grandes grietas;
- estén libres de daños importantes de insectos.
Los frutos completamente inmaduros tienen menos posibilidades de desarrollar posteriormente las características de un tomate maduro.
Observa el cambio de color
Un tomate que empieza a pasar del verde intenso a un tono ligeramente más claro o que presenta el primer indicio de color está bastante avanzado en su proceso de maduración.
Estos frutos son excelentes candidatos para terminar dentro de casa.
También pueden madurar algunos tomates todavía verdes que hayan alcanzado suficiente madurez fisiológica.
Córtalos con cuidado
Puedes recogerlos manualmente o utilizar unas tijeras limpias.
Evita tirar bruscamente del fruto.
Manipúlalos con cuidado para no producir pequeñas heridas que posteriormente faciliten su deterioro.
Si vas a almacenar varios, un tomate golpeado puede estropearse mucho antes que los demás.
Clasifícalos antes de guardarlos
Esta antigua costumbre tenía mucho sentido: no mezclar automáticamente todos los tomates.
Separa los que presentan:
- golpes;
- grietas;
- zonas blandas;
- daños;
- signos de enfermedad.
Los ejemplares sanos pueden reservarse para maduración.
Los dañados deben revisarse individualmente y no deberían almacenarse junto con el resto durante periodos prolongados.
No necesitas ponerlos al sol
Existe la idea de que un tomate verde necesita una ventana muy soleada para ponerse rojo.
En realidad, la luz directa intensa no es necesaria para que continúe la maduración después de la cosecha.
Un lugar interior con temperatura moderada suele resultar más apropiado.
Además, un alféizar muy soleado puede calentarse demasiado durante determinadas horas.
La temperatura importa más
Para favorecer una maduración normal, conserva los tomates aproximadamente a 18-21 °C.
A temperaturas más bajas el proceso será más lento.
Evita guardarlos en un lugar excesivamente caliente, húmedo o completamente cerrado sin revisarlos.
El truco tradicional de la caja
Una opción sencilla consiste en colocar los tomates en una caja de cartón limpia.
Ponlos preferiblemente en una sola capa, evitando amontonarlos.
Puedes colocar papel limpio debajo para facilitar las revisiones.
Después guarda la caja en un lugar interior seco y con una temperatura moderada.
No los envuelvas y olvides durante semanas
Algunas prácticas tradicionales envolvían individualmente los tomates en papel.
Puede ayudar a separarlos, pero presenta un inconveniente: dificulta ver rápidamente si uno comienza a deteriorarse.
Si decides envolverlos, tendrás que abrirlos y revisarlos con frecuencia.
Una caja donde puedas inspeccionar los frutos fácilmente resulta más práctica.
¿Por qué se utiliza una manzana o un plátano?
Aquí hay un pequeño truco con fundamento.
Tomates, manzanas y plátanos producen etileno, un gas vegetal relacionado con el proceso de maduración.
Colocar una manzana o un plátano maduro junto a varios tomates puede aumentar la concentración de etileno alrededor de ellos y acelerar el proceso.
No es imprescindible, pero puede resultar útil.
Cómo hacerlo
Coloca aproximadamente:
1 manzana madura o 1 plátano maduro por cada caja pequeña de tomates.
No necesitas que la fruta toque directamente todos los tomates.
Cierra la caja de manera ligera, sin convertirla en un recipiente hermético.
Después revisa su contenido diariamente.
¿Cuánto tardarán?
No existe un tiempo exacto.
Un tomate que ya estaba empezando a cambiar de color puede avanzar rápidamente, mientras que otro recogido completamente verde puede necesitar bastante más tiempo.
Dependiendo de su estado y de la temperatura, el proceso puede durar desde varios días hasta unas semanas.
Por eso es más útil observar el fruto que contar días.
Revísalos todos los días
Este es probablemente el paso más importante.
Abre la caja y comprueba:
- color;
- firmeza;
- posibles manchas;
- aparición de moho;
- zonas blandas;
- líquidos.
Retira inmediatamente cualquier fruto que empiece a deteriorarse.
Después comprueba también la manzana o el plátano si utilizaste uno.
Retira los tomates conforme maduren
No tienes que esperar hasta que todos estén rojos simultáneamente.
Cuando uno alcance el grado de maduración que deseas, sácalo de la caja.
Deja los demás continuar.
Así podrás ir aprovechando los tomates progresivamente.
No laves toda la cosecha antes de almacenarla
Para una conservación temporal, evita guardar los tomates mojados.
Si tienen tierra superficial, retírala suavemente cuando sea posible.
Lávalos correctamente antes de utilizarlos.
Si por alguna razón los has lavado previamente, asegúrate de que estén completamente secos antes de almacenarlos.
¿Qué ocurre con los tomates muy pequeños?
Los frutos que apenas comenzaron a desarrollarse cuando llegó el frío pueden no madurar correctamente después de cosecharlos.
Por eso merece la pena priorizar los tomates que ya tienen un tamaño considerable.
No todos los frutos de la planta tienen que salvarse obligatoriamente.
También puedes ayudar a los que permanecen en la planta
Si todavía quedan algunas semanas de temperaturas razonables, concentra los esfuerzos de la tomatera en los frutos existentes.
Hacia el final de temporada puede resultar útil retirar nuevas flores que claramente no tendrán tiempo suficiente para convertirse en tomates maduros antes del frío.
Evita, sin embargo, una poda drástica e indiscriminada de hojas sanas.
Las hojas continúan siendo necesarias para la planta.
Qué hacer si anuncian una helada
Si existe riesgo real de helada y todavía quedan tomates aprovechables, recógelos antes de que sufran daños.
Selecciona los frutos desarrollados y sanos.
Después clasifícalos según su grado de madurez y llévalos al interior.
Los tomates afectados por una helada no deberían tratarse automáticamente como frutos intactos destinados a una larga conservación.
¿Y arrancar toda la tomatera?
Existe otra antigua práctica: arrancar la planta completa con los tomates todavía unidos y colgarla boca abajo en un lugar protegido.
Puede funcionar en determinadas circunstancias, pero necesita bastante espacio y obliga a revisar continuamente la planta y los frutos.
Para una pequeña cosecha doméstica, recoger y clasificar individualmente los tomates suele resultar mucho más sencillo.
Los tomates verdes también pueden aprovecharse de otras maneras
No todos tienen que terminar rojos.
Existen recetas tradicionales que utilizan tomates verdes, como determinados encurtidos o preparaciones cocinadas.
Pero utiliza recetas fiables, especialmente cuando prepares conservas destinadas a almacenarse durante meses. En conservación doméstica, la acidez y el procesamiento adecuados son cuestiones de seguridad alimentaria y no deberían improvisarse.
Una rutina sencilla para los últimos tomates
Cuando la temporada esté terminando:
- Consulta las temperaturas previstas.
- Mantén los frutos en la planta mientras las condiciones sigan siendo adecuadas.
- Antes de un frío importante, recoge los tomates suficientemente desarrollados.
- Descarta para almacenamiento los frutos con podredumbre o daños importantes.
- Clasifica los demás según su madurez.
- Colócalos en una caja limpia, preferiblemente en una sola capa.
- Guárdalos aproximadamente a 18-21 °C.
- Si quieres acelerar el proceso, añade una manzana o un plátano maduro.
- Revisa la caja diariamente.
- Retira inmediatamente cualquier fruto deteriorado.
- Saca los tomates conforme vayan madurando.
- Lávalos antes de consumirlos.
Errores que conviene evitar
- Recoger todos los tomates simplemente porque ha terminado agosto.
- Esperar a que una helada dañe los frutos antes de actuar.
- Intentar madurar tomates extremadamente pequeños e inmaduros.
- Amontonar muchos frutos unos encima de otros.
- Guardar tomates golpeados junto con ejemplares sanos.
- Pensar que necesitan pleno sol para ponerse rojos.
- Cerrar la cosecha en un recipiente húmedo y olvidarla.
- No revisar los tomates durante varios días.
- Dejar una fruta podrida dentro de la caja.
- Improvisar métodos de conserva sin una receta segura y probada.
Una costumbre que evitaba desperdiciar la última cosecha
La lógica era sencilla: cuando las noches frescas anunciaban que la tomatera ya no disponía de mucho tiempo, los frutos desarrollados se recogían antes de perderlos.
Dentro de casa podían continuar su proceso lentamente.
No hacía falta una ventana soleada ni ningún producto especial. Una caja, una temperatura moderada y revisiones frecuentes eran suficientes para muchos frutos.
Preguntas frecuentes
¿Los tomates verdes pueden madurar después de cosecharlos?
Sí, siempre que hayan alcanzado suficiente madurez antes de ser recogidos. Los frutos demasiado jóvenes pueden no hacerlo correctamente.
¿Tengo que ponerlos al sol?
No. La luz solar directa no es necesaria para la maduración.
¿Dónde puedo guardarlos?
En un lugar interior seco y con temperatura moderada, aproximadamente 18-21 °C, puede funcionar bien.
¿Por qué poner un plátano o una manzana?
Porque liberan etileno, que puede acelerar la maduración de los tomates cercanos.
¿Cuánto tardan?
Desde varios días hasta algunas semanas, dependiendo de lo avanzado que estuviera cada tomate y de las condiciones de almacenamiento.
¿Debo meterlos en el frigorífico?
Para intentar madurar tomates verdes, no es la opción adecuada: las temperaturas bajas ralentizan el proceso.
¿Qué hacían las abuelas con esos últimos tomates?
Los seleccionaban antes de que el frío estropeara la cosecha y dejaban los más desarrollados madurar poco a poco dentro de casa. Era una manera sencilla de conseguir que el final de la temporada todavía proporcionara algunos tomates más.