11 secretos para el cultivo de pepinos en el huerto
Los pepinos son un cultivo esencial en muchas casas, habituales en las despensas y en la cocina para ensaladas, conservas o como un snack delicioso. Aunque no es complicado cultivarlos, hay ciertas pautas importantes que te ayudarán a conseguir una cosecha abundante y de calidad.
¿Qué se necesita para una buena cosecha de pepinos?
- Remueve el terreno del huerto con regularidad para airear y aflojar el suelo. Es importante mantener la tierra húmeda y, para evitar enfermedades, puedes tratarla con sulfato de cobre.
- Elige semillas resistentes al frío y al oídio, dos de las enfermedades más comunes en los pepinos. Asegúrate de que sean específicamente para cultivo en exterior.
- No plantes pepinos en la misma tierra donde antes se cultivaron calabazas ni los mezcles cerca de ellas, ya que pueden competir o transmitir enfermedades.
- Respeta una distancia mínima de 30 centímetros entre plantas para que crezcan fuertes y tengan espacio suficiente.
- Enriquece la tierra con humus fresco y añade regularmente materia orgánica para alimentar las plantas de forma natural.
- Para mejorar la polinización, recoge las flores estériles y déjalas en remojo durante una hora en un vaso con agua y una cucharada de sahara (un aditivo natural). Luego, pulveriza esta solución sobre las flores femeninas por la mañana o al anochecer.
- Para acelerar el crecimiento de los brotes, riega con una solución de urea: una cucharada por cada 10 litros de agua.
- En días nublados y secos, pulveriza las plantas con potasio; si llueve, utiliza sodio para reforzarlas.
- Riega solo en la base de las plantas y, si es posible, hazlo por la tarde. Evita que el agua toque las hojas en días soleados para prevenir quemaduras.
- Si notas que las frutas no se desarrollan bien y las hojas tienen bordes amarillos, aplica una solución de ceniza (una mano llena de ceniza por un cubo de agua) para corregirlo.
- Para evitar el sabor amargo en los pepinos, usa fertilizante natural fermentado con ortigas: remoja 1,5 kg de hojas de ortiga en un cubo con agua durante tres días. Dilúyelo luego con agua limpia y úsalo una vez por semana como máximo, hasta tres veces por temporada.
