¿Qué sucede después de la cremación? Te sorprenderás
La cremación y la gestión de las cenizas funerarias
La cremación consiste en transformar el cuerpo de una persona fallecida en cenizas, las cuales pueden ser confiadas a la familia o distribuidas según la voluntad expresa. Este proceso está regulado por estrictas normativas y requiere de permisos específicos.
Esta práctica, con raíces ancestrales, ha ganado popularidad en la actualidad por ser una opción económica para la despedida final. Te recomendamos leer con atención cómo se realiza y qué leyes la regulan.
Orígenes de la cremación
La cremación o incineración de los cuerpos tiene una larga tradición histórica: ya vikingos y antiguos griegos empleaban esta práctica. En tiempos modernos, la primera cremación registrada data de 1822, cuando el cuerpo del poeta Percy Shelley fue incinerado en la playa de Viareggio. En Asia, esta tradición se mantiene intacta desde hace milenios.
Hasta hace pocos años, la legislación no permitía distribuir las cenizas. Con la ley de 2001, se eliminó la obligación de conservarlas únicamente en cementerios. Los crematorios suelen ubicarse en cementerios o en capillas especiales, equipados con hornos modernos que funcionan con gas natural o propano, y cuentan con sistemas innovadores para minimizar emisiones contaminantes.
Para optar por la cremación, es fundamental dejar constancia de esta voluntad en un testamento o en un documento formal y registrarse en una entidad especializada como Socrem. La familia debe presentar este documento ante el ayuntamiento o la asociación encargada de la cremación. En este último caso, no es necesaria la aprobación de todos los familiares para proceder.
Cómo se realiza la cremación
La cremación permite reducir el cuerpo a cenizas y fragmentos óseos. En España hay más de ochenta crematorios, que disponen de hornos formados por dos cámaras superpuestas separadas por rejillas refractarias.
El proceso se lleva a cabo en la cámara principal a temperaturas entre 850 y 1000 grados. El féretro debe ser combustible y se introduce en el horno previamente calentado, donde se inicia la combustión de inmediato. Las cenizas y los huesos caen a la cámara inferior para completar la incineración.
Tras varias horas, el personal verifica el estado final para trasladar los restos óseos. Los fragmentos se trituran y la ceniza resultante se conserva y sella en una urna funeraria.
Leyes sobre la dispersión de cenizas
Las cenizas pueden conservarse en urnas o ser esparcidas cumpliendo la legislación vigente y la voluntad del fallecido. Tanto el almacenamiento en domicilio como la dispersión requieren permisos oficiales.
Para dispersar las cenizas, se debe solicitar autorización al ayuntamiento del lugar de residencia del fallecido. Su esparcimiento en terrenos privados, naturales, en cementerios o en el mar (a más de 1 milla de la costa) está regulado y requiere consentimiento específico.
La ley 130/2001 establece que la dispersión puede realizarse en espacios naturales y privados con el permiso de los propietarios. En áreas acuáticas, debe hacerse en zonas libres de infraestructura y presencia humana. Incumplir la voluntad expresada por el difunto sobre la dispersión es considerado delito.
