Por qué no deberías eliminar los brotes laterales del tomate (y qué hacer en su lugar)
Si llevas tiempo cultivando tomates o has buscado consejos en línea, seguro que has oído la recomendación habitual: “Siempre quita los brotes laterales del tomate.”
Pero, ¿y si te dijéramos que esa no siempre es la mejor opción?
De hecho, para muchos jardineros, especialmente quienes cultivan variedades indeterminadas, permitir crecer esos brotes puede resultar en plantas más sanas y productivas. Antes de empezar a podar, vamos a explicar qué son realmente los brotes laterales del tomate, por qué no siempre conviene quitarlos y qué hacer en su lugar.
¿Qué son los brotes laterales del tomate?
Los brotes laterales del tomate son esos pequeños tallos que aparecen en la unión entre el tallo principal y el pecíolo de una hoja. Crecen rápido y, si se dejan, se convierten en ramas completas, con flores y frutos incluidos.
En otras palabras, no son simplemente “morralla” de la planta, sino que tienen potencial para producir.
Argumentos para no eliminar los brotes laterales
Durante años se ha dicho que los brotes laterales roban energía a la planta principal. Aunque en parte es cierto, la realidad es más compleja.
Estas son las razones por las que eliminar los brotes puede ser contraproducente:
- Más brotes, más tomates: esos tallos laterales desarrollan sus propias hojas, flores y frutos. Al podarlos, reduces el potencial total de cosecha.
- Mejor protección solar: los brotes llenan la planta, generando sombra natural que protege los frutos del golpe de sol. Esto es especialmente valioso en climas cálidos y soleados.
- Crecimiento más fuerte y compacto: mantener algunos brotes favorece una planta más equilibrada y robusta, menos endeble y más resistente al viento.
- Menos estrés para la planta: la poda excesiva genera heridas que consumen energía para cicatrizar. Quitar brotes constantemente somete a la planta a un estrés innecesario, sobre todo durante su fase de mayor crecimiento.
¿Cuándo sí conviene eliminar un brote lateral?
No queremos decir que nunca se deba podar. Hay casos en que sí es recomendable:
- Si la planta está demasiado saturada. Un crecimiento denso reduce la circulación de aire y favorece enfermedades fúngicas como el tizón.
- Si el espacio es limitado. En macetas o bancales pequeños, una planta más compacta es más manejable.
- Si un brote está dañado o enfermo. Siempre conviene eliminar los tallos afectados para evitar la propagación de plagas o enfermedades.
En resumen, la poda debe ser selectiva y moderada, no un arranque total de brotes.
Qué hacer en lugar de eliminar todos los brotes
¿Quieres dejar atrás la regla antigua? Aquí tienes una mejor forma de manejar los brotes laterales:
- Deja crecer los primeros brotes: al inicio de la temporada, permite que 1 o 2 brotes se desarrollen como ramas secundarias fuertes. Estos sostendrán sus propios racimos de frutos y aumentarán notablemente tu cosecha.
- Entrena, no cortes: utiliza ataduras suaves o clips para guiar los brotes hacia un tutor, jaula o estaca. Esto te permite controlar su dirección sin eliminarlos.
- Poda de forma selectiva: a medida que avanza la temporada, elimina los brotes que crecen demasiado bajos o que saturan el centro de la planta. Mantén la planta aireada pero no despojada.
- Abona y acolcha bien: más tallos demandan más nutrientes. Apoya a tu planta con compost, mantillo y abonados regulares para que se mantenga vigorosa.
Conclusión: la clave está en el equilibrio
Los brotes laterales del tomate no son enemigos. Pueden ser aliados valiosos cuando se gestionan con criterio. En lugar de seguir la recomendación “quita todos los brotes”, opta por un enfoque más flexible:
- Deja crecer los brotes tempranos para una cosecha más abundante
- Entrena los brotes en lugar de cortarlos directamente
- Poda sólo cuando sea necesario
Así que la próxima vez que veas un brote emergiendo entre el tallo y una hoja, respira y déjalo crecer. Tus tomates te lo agradecerán.
