¿Por qué decimos que nos dejamos engañar cuando corremos el riesgo de un fraude? Aquí te explicamos por qué
La lengua italiana, al igual que muchas otras, está llena de expresiones populares que usamos en ocasiones específicas y que ya forman parte del lenguaje cotidiano. Muchas de estas frases surgen en determinados lugares y con el tiempo se extienden por regiones e incluso a todo el país. Se trata de dichos que no deben interpretarse literalmente, sino en sentido figurado. Por ejemplo, cuando decimos “Hazte a un lado”, no pretendemos que la persona se mueva realmente, sino que deje espacio.
¿Por qué decimos “dejarse engañar”? El origen de esta expresión
Las expresiones idiomáticas enriquecen nuestra comunicación y le añaden valor. Pero es fundamental saber cómo usarlas para evitar confusiones.
En italiano existen muchos refranes como “Llueve sobre mojado”, “Clavo que saca clavo” o “No te cortes la boca” y otros más. Uno muy común es el de “dejarse engañar”, que hemos escuchado en frases como “No te dejes engañar” o “Te han engañado”.
Esta expresión se usa para advertir a alguien sobre un posible fraude o para indicar que ya ha sido víctima de uno y no puede solucionarlo. ¿Pero sabes de dónde viene?
El origen de “dejarse engañar” se remonta a las antiguas tabernas romanas. Los taberneros notaron que el vino perdía sabor y se parecía cada vez más a vinagre.
Para seguir vendiendo vino sin que los clientes lo notaran, idearon servir antes un poco de hinojo crudo. ¿Por qué el hinojo? Lo explicamos a continuación.
“Dejarse engañar”, un dicho nacido en las tabernas romanas
El hinojo es una planta rica en compuestos aromáticos que adormecen ligeramente las mucosas de la lengua. En otras palabras, su intenso sabor distraía a los clientes para que no percibieran que el vino ya estaba avinagrado.
Así, los taberneros pudieron seguir sirviendo vino sin que nadie se diera cuenta de su deterioro.
Al principio, la expresión “dejarse engañar” se refería solo a la persona que era timada por el tabernero. Con el tiempo, la frase fue ganando popularidad y se incorporó al lenguaje común para señalar cualquier situación de engaño o fraude.
Gran parte del mérito de su difusión se le atribuye a Alessandro Manzoni, quien incluyó esta expresión en su obra maestra “Los prometidos”, consolidándola en el vocabulario italiano.
