La razón inesperada por la que se recomienda dar bicarbonato a las plantas

El motivo inesperado por el que se recomienda usar bicarbonato en las plantas

¿Por qué aplicar bicarbonato en las plantas?

El bicarbonato es un producto versátil que no suele faltar en ningún hogar. Es conocido por sus múltiples usos, desde limpiar diferentes superficies hasta suavizar legumbres secas. Además, ayuda a la digestión tras comidas pesadas.

Lo que muchos ignoran es que el bicarbonato también puede ser una herramienta valiosa para proteger ecológicamente huertos, frutales y plantas de jardín.

Su eficacia se destaca especialmente en el combate del mildiu, una enfermedad fúngica común que afecta a cultivos como la vid, el calabacín o la salvia.

En agricultura existen dos tipos principales de bicarbonato: el de sodio y el de potasio.

Ambos compuestos, aunque similares, se emplean con fines específicos, principalmente para controlar enfermedades fúngicas.

Sus características los hacen ideales para la agricultura ecológica, ya que actúan como fungicidas efectivos.

El bicarbonato es fácil de encontrar y económico, por lo que es perfecto tanto para huertos caseros como para jardines convencionales.

A continuación, explicaremos las diferencias entre el bicarbonato sódico y el potásico, cuándo aplicarlos y cómo hacerlo correctamente.

Bicarbonato potásico y bicarbonato sódico

Es fundamental distinguir entre bicarbonato de sodio y bicarbonato de potasio, ya que aunque son parecidos, difieren en su composición molecular y en su uso agrícola.

El bicarbonato de sodio, comúnmente llamado “bicarbonato de cocina”, es un polvo blanco, sin olor, que se disuelve fácilmente en agua. Se obtiene combinando carbonato de sodio, agua y dióxido de carbono.

En agricultura, el bicarbonato de sodio se clasifica como un fortalecedor de las defensas naturales de las plantas, no como un pesticida.

Esta clasificación figura en el Anexo 2 del decreto ministerial italiano 6793 del 18.07.2018, que regula la normativa europea para la agricultura biológica.

Por su parte, el bicarbonato potásico es un derivado del carbonato de potasio y funciona principalmente como pesticida. Está regulado bajo las normativas de productos fitosanitarios.

Su efecto dura aproximadamente un día, permitiendo aplicarlo antes de la cosecha, respetando el periodo de seguridad.

Los agricultores profesionales deben contar con licencia para usar este y otros pesticidas, mientras que los aficionados tienen acceso a productos de diferentes formatos.

Desde la entrada en vigor del Plan Nacional de Acción (NAP) en 2015, que controla y limita productos fitosanitarios, la disponibilidad de estos para consumidores particulares ha disminuido, promoviendo un uso más responsable y sostenible.

¿Por qué aplicar bicarbonato en las plantas?

Ambos tipos de bicarbonato se emplean para prevenir y controlar enfermedades fúngicas en las plantas.

Aumentar el pH de la solución crea un ambiente adverso para el desarrollo y expansión del micelio del hongo.

Esto provoca la desecación del hongo e impide su propagación, ayudando a proteger las plantas.

Cómo realizar los tratamientos correctamente

Para que el uso de bicarbonato sea efectivo, las aplicaciones deben hacerse temprano, al aparecer los primeros síntomas de la enfermedad.

Su efecto es principalmente preventivo: detiene el avance del hongo, pero no puede reparar plantas que ya tienen daños graves.

La concentración recomendada varía entre 500 y 1500 gramos de bicarbonato por cada 100 litros de agua.

Estas dosis son para superficies extensas con pulverizadores, pero las proporciones se adaptan a cultivos más pequeños.

Por ejemplo, en una botella de spray de 1 litro se aconseja añadir entre 5 y 15 gramos de bicarbonato. Para mochilas pulverizadoras de 15 litros, la dosis ideal está entre 75 y 225 gramos.

Es fundamental respetar la dosificación, incluso con productos aparentemente inofensivos, porque el exceso puede quemar las plantas y aumentar el pH del suelo, causando desequilibrios.

Lo mismo ocurre con el bicarbonato potásico, cuyo envase comercial incluye indicaciones de dosis y precauciones específicas.

Para maximizar la eficacia, aplica los tratamientos en las horas más frescas del día y evita hacerlo si la temperatura supera los 35 °C.

Las altas temperaturas pueden causar fitotoxicidad, un daño a las plantas que limita las opciones de control, especialmente en cultivos de calabaza durante el verano.

En estas circunstancias, lo mejor es esperar a días más frescos y eliminar las hojas más afectadas para limitar el problema.