Cómo reproducir indefinidamente la lengua de suegra: el método real usado en los jardines botánicos
La lengua de suegra es una planta que aporta vida y estilo a cualquier espacio. Incluso quienes no tienen experiencia en jardinería pueden multiplicarla fácilmente siguiendo algunos consejos básicos. Si quieres disfrutar de esta planta sin necesidad de comprarla constantemente, aquí te explicamos paso a paso cómo lograrlo.
Características de la lengua de suegra
Esta planta se distingue por su crecimiento vertical y su forma única, que le ha dado su nombre popular. Sus hojas largas, estrechas y dentadas crecen sin ramificaciones, creando un aspecto muy llamativo. Las flores, por su parte, tienen una tonalidad luminosa formada por múltiples pétalos y se abren únicamente durante el día.
Los colores de las flores pueden variar desde el blanco puro hasta tonos amarillos, rojos y rosados, dependiendo de la variedad. Algunas especies presentan flores aromáticas que se abren al mediodía, ofreciendo un espectáculo visual y olfativo.
Método experto para reproducir la lengua de suegra
La forma más habitual de multiplicar esta planta es mediante esquejes tomados de plantas adultas, sanas y fuertes que ya hayan florecido. Corta una sección de la planta con una tijera afilada y desinfectada, haciendo un corte vertical y ligeramente irregular para facilitar la cicatrización.
Deja el esqueje en un lugar protegido durante una semana para que la herida se cierre adecuadamente. Pasado este tiempo, planta el esqueje en una maceta con tierra arenosa y rica en nutrientes.
- Mantén la tierra siempre húmeda para favorecer el enraizamiento.
- Espera que las raíces comiencen a desarrollarse, lo cual suele ocurrir en un plazo aproximado de dos semanas.
- La planta prefiere ambientes húmedos y no tolera la luz solar directa, por lo que es mejor situarla en lugares con sombra parcial.
- Evita exponerla a bajas temperaturas que puedan dañarla.
Este método permite una reproducción continua de la planta. Si deseas, puedes plantar varios esquejes juntos, formando un grupo que fortalezca el enraizamiento. Una vez que los esquejes hayan arraigado, trasládalos a macetas individuales para que sigan creciendo de forma independiente.
