Cómo plantar y cultivar un mango

Cómo plantar y cultivar una planta de mango

La mango es una planta exótica originaria de la India que se adapta bien a climas cálidos y se puede cultivar en macetas a partir de sus semillas. Plantar mangos en maceta es un proceso sencillo que permite disfrutar de su belleza tropical y convertirla en la reina de tu balcón o jardín.

Los mangos son fáciles de plantar y cuidar, pero para que produzcan frutos se necesita paciencia y espacio. En la naturaleza, un árbol de mango puede crecer hasta 25 metros y dar abundantes frutos ricos en vitaminas, aunque en maceta solo fructificará si se cumplen ciertas condiciones como contar con suficiente sitio y realizar injertos.

¿Cuándo plantar semillas de mango?

Las mejores estaciones para sembrar mango son finales de primavera o, preferiblemente, inicio de verano. En estas épocas las temperaturas son más suaves y los días más largos, favoreciendo la exposición al sol que necesita la plántula.

El mango no tolera bien las variaciones térmicas, por lo que es importante proteger la planta durante meses fríos. Puedes cubrirla con plástico o tela, como se hace con los limoneros, o trasladarla al interior de la casa donde reciba luz directa varias horas al día.

Germinación de la semilla de mango

Germinar la semilla antes de plantarla fortalece la raíz, aumentando las posibilidades de éxito de la plántula. Para ello se pueden seguir tres pasos claves:

  • Extraer con cuidado el hueso del interior del mango, limpiándolo bien sin dañarlo.
  • Crear un pequeño invernadero casero usando una bolsa plástica transparente o un recipiente hermético. Humedece una hoja de papel de cocina y envuelve el hueso sin apretarlo, dejando suficiente aire y humedad para favorecer la germinación.
  • Cambiar el papel húmedo al menos una vez por semana para evitar hongos y mantener la humedad constante con pulverizaciones. En unos días aparecerá la primera raíz y luego el brote. Cuando el tallo alcance unos 4 cm, estará listo para plantar en tierra.

Cómo plantar la semilla de mango

Cuando la raíz y el brote estén firmes, siembra la semilla en una maceta de unos 10 cm de diámetro, ideal para las primeras etapas de crecimiento antes de trasplantar.

Usa tierra universal, preferiblemente mezclada con compost casero para proporcionar nutrientes. Planta la semilla con la raíz hacia abajo y el brote hacia arriba. Si la raíz está parcialmente enrollada cerca del brote, no te preocupes, pues se acomodará sola bajo tierra. Es esencial que el tallo quede fuera de la tierra para que pueda crecer correctamente.

Cuidados para cultivar una planta de mango

En su fase de crecimiento, la planta de mango requiere riegos frecuentes para mantener el sustrato húmedo pero sin encharcamientos, que pueden provocar daños.

Cuando la planta esté más fuerte, se recomienda pinzar el tallo justo por encima del primer nudo para estimular su vigor y desarrollo.

Ubica la planta en un lugar con mucha luz, evitando la radiación solar directa intensa durante las horas más calurosas del verano para prevenir quemaduras.

La salud de la planta se refleja en sus hojas, que deben lucir claras, largas y relajadas.

Si bien la planta crece rápido, para que produzca frutos es necesario realizar un injerto. Puedes acudir a un vivero especializado o usar semillas de variedades locales, como las que crecen de forma orgánica en el sur de Italia y Sicilia.

¿Cuándo da frutos una planta de mango?

La mango es una planta que tarda varios años en fructificar. Una planta cultivada desde semilla puede necesitar hasta ocho años para dar frutos, y ello solo si se realiza el injerto correctamente. En cambio, las plantas injertadas suelen dar frutos entre 3 y 5 años, asegurando una buena cosecha.

Por lo general, con 3 o 4 años el árbol produce de 10 a 20 mangos, aumentando a 50-75 frutos en años posteriores y hasta 500 en la década. Conforme crece, será necesario trasplantarla a macetas más grandes o al suelo, donde sus raíces puedan expandirse.

Tener un árbol de mango que dé frutos es todo un privilegio, ya que esta fruta es un auténtico elixir natural. Su pulpa amarilla y jugosa es deliciosa y aporta vitamina C, minerales, fibra y compuestos antioxidantes con propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, como la quercetina.