Cómo cultivar lavanda a partir de esquejes (¡Es más fácil de lo que piensas!)
Si alguna vez has querido llenar tu jardín con el dulce aroma de la lavanda, pero sin gastar una fortuna en plantas de vivero, tenemos buenas noticias. Puedes cultivar tu propia lavanda con esquejes. ¡Así es! Sin semillas, sin herramientas especiales y sin necesidad de tener una gran experiencia en jardinería. Solo necesitas una planta saludable, unas tijeras y un poco de paciencia.
Vamos a recorrer todo el proceso, desde cortar el primer tallo hasta ver cómo enraizan. Spoiler: es mucho más sencillo de lo que crees.
¿Por qué cultivar lavanda a partir de esquejes?
Antes de ponernos manos a la obra, veamos por qué este método es tan bueno:
- Es económico (o casi gratis): una planta de lavanda puede darte docenas de nuevas.
- Crece más rápido que con semillas: los esquejes arraigan rápido y son idénticos a la planta madre.
- Muy gratificante: ver cómo un tallo cortado se convierte en un arbusto floreciente es pura magia.
¿Listo para empezar? Vamos allá.
Paso 1: Elige la planta de lavanda adecuada
No todas las variedades de lavanda enraízan igual, pero la mayoría de las inglesas (Lavandula angustifolia) y francesas (Lavandula dentata) funcionan perfectamente.
Busca:
- Una planta sana y madura, de al menos un año de edad.
- Tallos fuertes que no estén floreciendo.
- Ausencia de plagas o enfermedades.
Evita ramas leñosas o muy gruesas, ya que no enraízan bien.
Paso 2: Toma los esquejes
Usa unas tijeras limpias y bien afiladas o unas podadoras de jardín.
Haz lo siguiente:
- Corta un tallo de 10 a 15 cm, preferiblemente temprano en la mañana, cuando la planta está fresca e hidratada.
- Elige tallos juveniles y flexibles (la parte verde, no la leñosa).
- Corta justo por debajo de un nudo (el bulto donde salen las hojas).
Toma algunos esquejes extra por si alguno no enraíza.
Paso 3: Prepara los esquejes
Con los esquejes en mano:
- Quita las hojas de la mitad inferior del tallo.
- Raspa suavemente una pequeña sección del tallo con la uña para estimular el enraizamiento.
- Opcional: sumerge el extremo cortado en hormona de enraizamiento en polvo o gel. No es obligatorio, pero ayuda a mejorar el éxito.
Paso 4: Planta los esquejes
Necesitarás una maceta pequeña o bandeja con sustrato bien drenante. Una mezcla ideal es:
- 50% tierra para macetas.
- 50% perlita o arena gruesa.
Procede así:
- Haz un agujero en la tierra con un palo o lápiz.
- Inserta suavemente el esqueje y presiona la tierra alrededor para sujetarlo.
- Riega con cuidado, evitando encharcar.
Consejo: planta de 3 a 5 esquejes por maceta para aprovechar el espacio y sepáralos después.
Paso 5: Crea un mini invernadero
La lavanda necesita humedad para enraizar, pero sin estar empapada.
Un truco rápido:
- Cubre la maceta con una bolsa plástica transparente o un domo de plástico.
- Coloca palitos o pajillas para que el plástico no toque las hojas.
- Ubica la maceta en un lugar con luz indirecta y brillante, pero sin sol directo.
Esto mantiene la humedad sin “cocinar” los esquejes.
Paso 6: Paciencia y cuidados
Los resultados no son inmediatos, así que ten paciencia.
- Revisa cada pocos días para detectar moho o pudrición y descarta los esquejes dañados.
- Mantén la tierra ligeramente húmeda, nunca encharcada.
- Después de 3 a 6 semanas, tira suavemente del tallo. Si ofrece resistencia, ¡significa que ha enraizado!
Paso 7: Trasplanta tus esquejes
Cuando tus esquejes tengan raíces:
- Trasplántalos a macetas individuales con tierra de calidad.
- Acostúmbralos poco a poco a más luz (proceso denominado aclimatación).
- Déjalos crecer fuertes por uno o dos meses antes de plantarlos en el jardín.
Consejos extra para garantizar el éxito
- Elige el momento adecuado: temprano en primavera o final del verano.
- No los amontones: buena circulación de aire evita el moho.
- Mantén la temperatura ideal: entre 18 y 24 °C.
- Siembra etiquetas si cultivas distintos tipos para no confundirte, ¡la lavanda se mezcla fácilmente!
Errores comunes que debes evitar
- Usar tallos con flores, ya que enfocan su energía en florecer y no en enraizar.
- Excederse con el riego: la lavanda no tolera suelos encharcados.
- Descuidar la luz: aunque indirecta, la necesitan para crecer bien.
Corrige estos puntos y tendrás una cosecha abundante de lavandas.
Reflexión final: ¡Es temporada de lavanda!
Una vez que domines el arte de los esquejes, propagar lavanda se volverá algo natural para ti. Estarás cortando y plantando con destreza, y tu jardín (y tus amigos) te lo agradecerán.
¿Tienes una planta de lavanda? En pocas semanas podrías tener cinco, diez o todo un seto.
Así que no lo dudes. Toma tus tijeras, busca un lugar soleado y comienza hoy mismo tu legado lavandero. ¡Realmente es más fácil de lo que imaginas!
